domingo, 19 de febrero de 2012

Oprobio

Suave clamor que por bien circunscribes
La tenue fragancia de las poliformes sustancias
Que, proscrito en la oscura y fatal desgracia
Suscitas en el mundo. Dolor e inconstancia.

Cuando el primero, el Único, sostenga este mundo
Con la negra nube del destino y deshaga
La palidez de mi amor con la sutil esencia
De la maldad que el devenir prepara.

¡Extiendanse las mareas de la lunatica presencia
De aquel que es todo y en su soledad es nada!
Atiendan al llamado de las mil profetas
Que, como ninfas, suscitan en mis oídos la instancia.

Caminando por la trémula esencia de mi coro,
Observo ante mí, la gran muralla
Señal de la atenta avenencia de la falta
Que en mis sonidos, cruel desvario… te evada…

Onírico

Las calles me vuelven a recibir, tímidas, crédulas.
Sonrío llevándome conmigo los viejos recuerdos
Mientras la enhebrada silueta de lo eterno
Me golpea y desmaya.

Dócil, inocuo. La silente sombra me ha perseguido
Hasta estos, nuestros buenos días,
Mezclando las memorias viejas con la nueva
Adhesión de la melodía, cayendo como escarcha.

Es entonces cuando me ocupo de mí y de los míos
Y llevándome la tenue vibración de lo absurdo
Comienzo la balada de aquellos amores que me envolvieron
Y a los que les debo todo… y nada.

Me besa en la frente su propio silencio. Temo llorar
Y desatar en los sueños los cálidos encuentros
De nuestros romances, viajes no encontrados
Ni el trajín del devenir diario a mis propias metas.

El concreto me sitúa en la realidad. Que el devaneo
Me desnude y me enfrente en tu contra. Ser tu enemigo.
Odiarte por estar en cada banco, en cada parque
Del lugar que alguna vez llame mío.

Así, pues, te veo emerger de la nada, antes de ascender.
Llorar en tus mil ojos. Morir en cada día
Al mismo tiempo que en mi cruenta oración,
Ruegue por mil muertes que se den en la orilla.

Delineo la suave silueta que deja en mí tu mirada.
Crecí bajo el auspicio del Amor eterno
Que aquel maestro dejó en mí, por su tutela.
Rasgo la realidad rememorando tu ausencia callada.

Miro entonces, tomando un café en las siniestras
Horas que en aquel que realizó cinco, fueron morada
Y ralentizo a un nivel preocupante mis ideas
Hasta que la ceniza de mi cigarrillo se apaga.

Tomo vuelo en la instancia loca de lo eterno.
Tal vez es hora de soñar tu esencia,
Dado que lo que más preocupa de ti es tu ausencia,
Evocar lentamente y deja su pequeña marca.

Y sigo soñando la efímera lágrima de lo divino
Mientras en el hervor benigno de la marisma
Altisonante que fue tu amor, hechicera pétrea
Que en tus efluvios oníricos me marca la hora.

Ya pagué la cuenta, y sigo caminando
Por este pequeño pedazo de mi mundo.
Muerta por el amor que me sigue clamando
El destello que de sí perdió, ya moribundo…

sábado, 4 de febrero de 2012

Busqueda

Veo lejano tu cuerpo como la gracia del olvido, suave néctar de cruel esparcimiento, en la sólida perdida paulatina de mi memoria. Extraño el espacio que dejas ausente en cada silla. El aroma que no aprecio ya, porque se ha esfumado de mi sangre. Añoro tu risa, cálida como el verano y tus ojos, lejanos en su fin como el mundo que nunca salgo a conocer, dada mi propia y humana crisis existencial. Demoro un poco cada minuto en decirle al mundo lo que siento y así pasan semanas enteras, y nunca encuentro un momento especial, ese instante de éxtasis en el que pueda decir un te amo libre de prejuicios y vacilaciones, que entre en contacto contigo y te bese en la mejilla mientras me ves con tus ojos cubiertos por la suave brisa del océano de pensamientos. Levanto un poco la vista y me hallo inmerso así, de pronto en la incertidumbre de no saber como extrañarte.
Saco un cigarro y aún con las nauseas que ya me provoca quedo inmerso en los pensamientos de mi mente inquieta. Intento dibujar tu silueta con el humo sin éxito y me contengo de no llorar. El día se ha ido tornando nublado y la vida vuelve a las calles en el bullicio de la piedad. Las calles avejentadas me dan la bienvenida y me invitan a la reflexión. Mientras voy sin rumbo debido a una mala planeación. Saludo a todos los muertos que han pasado por aquí con una reverencia y no puedo evitar sonreír porque he sido engañado todos estos años y apenas me he dado cuenta, pero no me afecta. Ya para qué. De cualquier forma, el pasado que siempre me persigue seguirá visitándome hasta el día en que a mi me toque formar parte de los gigantescos muros del recuerdo. Seguirá, inexorable, el mundo en su paso, firme, decidido, y yo iré a visitar lugares nuevos. Estoy seguro de que tendré deseos de hacer algún viaje al extranjero, me lo merezco, creo.
Paso debajo de los pequeños puentes entre callejones, formados por los pasos de un edificio a otro. Menuda cacofonía imaginaria, cuando siento que cada pared me cuenta los sucesos de siglos, acontecimientos que engalanan la soledad del tiempo. Un pequeño periodiquero interrumpe el celebre sonido de mi enmarañada consciencia. Me ofrece involucrarme en la bulliciosa vida de la piedra que forma la selva gris que se forma alrededor mío y para callarlo por un breve instante le acepto el canje, busco unas monedas y le pago para que me deje tranquilo un rato más; me dispongo a tomar vuelo de nuevo y por poco caigo de espaldas al recibir de golpe mis propias sensaciones. A veces no sé que hacer con tantas ideas que surgen. Con tantos pensamientos. Sensaciones. Con algunas me deleito. Disfruto cada aroma que la ciudad me ofrece –aún con su tapiz de fondo nauseabundo- pero en otras ocasiones me oprime el pecho, exige todo de mí y no descansa hasta dejarme exhausto y libre de toda bondad. Me tienta, me incita a la violencia a mí, que no he matado ni siquiera algún sueño guajiro que pudiera surgir de mi raquítico pecho. Cierro los ojos entonces. Me pienso. Me doy vida. Y permanezco erguido cuando las fatídicas gorgonas de los sueños llegan y limpian con el paisaje, dejándome desolado y aprehensivo.
Ahora quiero un café. Probablemente uno de esos cafés extraños que venden a precios exorbitantes mezclas exóticas a las personas que solo están deseosas de un estatus que un vasito de cartón bellamente ataviado les dará ante los demás, introduciéndolos al mundo moderno, mientras yo me hundo cada vez más en la mazmorra de mi mediocridad y exijo un pago inocuo por las actividades hechas en una agotadora jornada.
Y de pronto recuerdo que todo esto comenzó por ti, por no olvidarte, por extraerte, por desearte. En algún momento me distraje y perdí mi camino pero ahora, al recordar, no puedo evitar sumergirme en los recovecos de mi cabeza, todo por complacerte  en tu último deseo: desnudarte. Extasiarte mientras que, con la tenue vela de mi vida, reconstruyo la vida junto a ti. Pequeño logro comparado con saber que sigues viva y luchas por no irte. Mi memoria táctil te sigue poco a poco, mientras la curva de tu delgadez se extiende y me muestra los pliegues de tu ternura. Tu mirada me atrapa en un enorme boquete y me permite deslizarme. No sé hasta donde llegará esto, pero me imagino deberá terminar pronto antes de que nos deje agotados a ti y a mí, perdidos en un mundo que no nos comprende en nuestros deseos y nos niega nuestra inmortalidad.
Quiero recordar tu piel jugando con las formas bajo las sabanas. Necesito rehacer cada instante de ese día, o de cualquier otro que te traiga, inefable, dichosa. Misteriosa en tu sonrisa y clara en tu deseo de vivir.
Veo lejano tu cuerpo. Y tu esencia se desvanece y juega conmigo. Podría ser peor. Pero no me convence. Porque esta vez quiero, deseo más. No lo niego ya. Deshago tu esencia, para luego armarla una y otra vez, chocando las piezas en un esfuerzo raquítico para invocarte. Que aparezcas y que nada más importe. Volver a tocar tu alma a través de tu cuerpo y soñar una vez más con el cielo que se oscurece siempre a mi alrededor. Enceguecido ya de celos, busco tu nombre perdido en la distancia, más solo hallo las huellas inermes de la soledad, pasajera en el viejo tren que me lleva de nuevo, una y otra vez, a mi lugar de origen. Donde nací y de donde nunca he partido. Visitaremos las viejas parvadas de metas de vida y romperemos el cáliz de nuestra existencia en una vorágine inexplicable de arduo y agotador sudor imaginario.
Y sin embargo, siempre te salen esas alas diabólicas, tan llenas de tristeza. Y te vas sin decirme nada, como siempre, de cualquier manera. Nunca te despedías y con una sonrisa pícara, me enseñabas la lengua y divertida corrías antes de que yo te alcanzara. De alguna forma siempre te gustaba huir de mí. Como si en ello te fuera la existencia.
Recuerdo, por ejemplo, aquella ocasión en que motivados por la naciente idea de dar un mochilazo, nos fuimos a explorar por dos días el mundo… terminamos en un pequeño bosque a las afueras de la ciudad. A veces te detenías para juguetear a que te perdías, así, por siempre, de mí. Yo fingía no hacerte caso y terminabas poniendo en tu rostro una linda expresión de enojo. A mi secretamente me encantaba verte así, molesta, como si fueras una pequeña niña caprichosa. Y era el forcejeo de tu cuerpo entre mis brazos el que hacía latir muy rápido mi corazón, hasta que tú, también jugando, fingías defenecer y de pronto, tu mirada chocaba con la mía. Así, abrazada, me gustaba tenerte. Y verte y no ver el pasar del tiempo en esa fracción de mundo que éramos solo tu y yo. Algunas veces, el beso que seguía era apenas un picorete travieso. En otras, un silencioso murmullo de amor. Y en las menos, un turbulento espacio de pasión pura. Así te amaba. Dueña de ti misma. Incontrolable, indomable. Y así te fuiste, con la cálida promesa de volvernos a ver algún día. Y mientras la ensoñadora fragancia que ahora intentaba desesperadamente recordar al mismo tiempo que buscaba perderla, me daba cuenta de que sin ti, la vida como la conocía yo desde niño, se reducía, efectivamente, a ser nada…

Reflejo...

Estoy solo enfrente del abismo. he dejado de sentir miedo por lo que puede pasar. ni hace falta, pues ahora tengo más miedo de lo que soy capaz de hacer en esta, mi etapa más frágil mentalmente. No logro divisar la exacta línea entre lo bueno y lo malo y la desabrida existencia que llevo me provoca un poco de dolor de cabeza. me falta por hacer tanto antes de desbarrancarme. pero no sé cómo lograrlo, cuando lo único que quiero es descansar por siempre. ni siqueira estoy seguro de qué será de mí, pero espero que mi rafaela, mi ángel, venga a por mí. Si no estoy destinado al cielo, por lo menos me gustaría despedirme de ella. Con lagrimas en los ojos me diría: "¿Qué has hecho Ahora ya no podemos seguir juntos nunca más?" Le pediría como último favor que me llevara ella, la que jamás me ha dejado, al último lugar en donde estaré, antes de alejarse y dejarme por siempre en las sombras de mi pesada carga. Me imagino que mi castigo será terrible. pero pienso aceptarlo, ya es hora de que me porte como un hombrecito. Despediré a aquellos que amé en vida. A mi madre le diré que lo siento, que no tenía remedio. Será fulminante, estoy seguro. Y sin embargo, ya no podré hacer más. La justificación me pesará, pues sé que pude ser un hombre y seguir adelante, que fue cobadía tal vez lo ue me orillo, la verdad es que no tengo pretexto. Me dolerá demasiado, pero habré tomado ya la decisión. A mi hermano lo liberaré del problema que és convivir conmigo. A aquellos que alguna vez llamé amigos les daré el saludo de despedida de lejos. Nunca me entendieron y sería terrible tener que detenerme a dar una explicación del porque de las cosas, de cualquier forma, pasaré al olvido en unas cuantas semanas... ese es el premio final de cualquier forma. El olvido siniestro. No me importa.

Y entonces sucederá: me encenderé como una pira. desataré en ese dolor toda mi ira, mi frustración por no lograr el amor. Por no entender al mundo de ninguna forma. Sacare todo y de esa forma, mientras mi brillo se pierda para siempre en el mundo, me sentiré vivo por última vez y me ire a la dulce nada...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

desde la calle...


El pequeño levanta apresurado la pelota, pues ha caído un poco lejos, pasando la otra calle, en dirección de la Iglesia del barrio.  Ha estado jugando por más de dos horas con sus amigos y apenas y resiente el cansancio; solo quiere jugar y disfrutar de ellos, con quienes vive una y mil aventuras.
Ya es un poco tarde. La noche ha desplegado su manto y las luces de las lámparas de calle dan una tonalidad distinta a las calles empedradas de su zona, haciéndola ver, incluso, un poco pintoresca a los ojos de los visitantes que se atreven a venir hasta acá, un lugar un poco alejado de la gran metrópoli. Pero es en este lugar donde nació, donde sus sueños y fantasías se confunden a diario con la realidad de un pequeño pueblito consumido poco a poco por el área metropolitana. Aquí es donde ha vivido toda su vida, donde ha ido a la escuela, donde ha conocido a los mejores amigos que pueda tener alguien. Y aunque ahora aún no lo entiende, algún día, probablemente, conocerá el amor, le gustarán las chicas, a lo mejor se casará, ¡Que horror! Han de ser puras mentiras de su mamá, que no halla otra forma de mantenerlo quieto y que pudiera inventar esas sandeces. Si no fuera así, ¿por qué no siente nada de lo que dicen?
Ha tardado en pensar todas estas cosas. De hecho, se pregunta por qué razón las pensó, en primer lugar. A lo mejor está más cansado de lo que cree. Y esta muy chico también para razonar de esa forma. No lo sabe, pero poco a poco vuelve la adrenalina de querer seguir jugando, solo disfrutando del momento.
Voltea hacia arriba. En una de las ventanas del cuarto piso esta el vecino que siempre le regala una moneda para comprar dulces.  -“¡Quihubo mi cuate!, ¿cuando nos vamos de aventureros?”- siempre con esa frase comienza sus diálogos y siempre lo divierte. Pero hoy se ve, aún a lo lejos, raro. “¿Qué tendrá?” se pregunta el pequeño mientras encoge los brazos y se dispone a lanzar el balón a sus demás compañeros, que ya le gritan fúricos porque se detuvo demasiado tiempo a perderse.
El primer golpe no le duele, pero el estrellarse en el piso si le produce un fuerte dolor, mientras siente como sus piernas crujen y como se aleja un auto que no viera tan cerca de él. No puede hablar ni hacer señas, mientras se explica porque tantas personas están viéndolo como si estuviera en el piso. Y mientras este pensamiento desgarra su cabeza no puede evitar notar que esta demasiado cansado y que cerrara los ojos allí, en la calle, por un momento, mientras las luces enfrente de él se ciernen y brillan con mayor intensidad…

martes, 29 de noviembre de 2011

Precuela de los Ojos Bonitos...


Mientras fenece tu estadía en casa, la sensación de vacío me atosiga incesantemente. Ni siquiera el calido hervor de tu piel sudando con la mía logro disminuir esa sensación inmunda, pagana. Ni tus labios llevándome una y otra vez a la fatiga de morir poco a poco mitiga la marcha de mi apatía. Algo me esta sucediendo y no es agradable. Y probablemente te diste cuenta pues has estado fría, distante, como si hubiera sido este el mayor insulto que alguien pudiera proferir en tu contra: ignorarte mientras tienes sexo. Has estado mirando por la ventana, sentada y sólo tapada con la sabana, perdida, pero molesta. Se te nota en la cara y me da un poco de temor hablarte. Sé que tuve la culpa y esperaría una mala respuesta de tu parte o simplemente que te levantes y te vayas. Y no quiero más que tenerte aquí, cerca, donde el aroma de tu piel siga enervando poco a poco cada uno de mis sentidos, por lo que enfrento el desprecio y la indiferencia de tu actitud.
Más no puedo evitarlo: el vacío empático que reclama mi alma no me permite ver más allá de una intensa melancolía. Me acerco un poco a la ventana y puedo observar en picada, sobre la acera de enfrente, la poca actividad que se desarrolla en esta zona del barrio. Todas las tiendas han cerrado y algunos vecinos platican, mientras a lo lejos puestos de tacos y otras chucherías. Se suceden en una algarabía fingida, dando a los trasnochadores algo en que desgastar sus horas. Algunos niños juegan, evocando fragmentos sueltos de mi infancia, e intento desesperadamente volver a ti para continuar con esta, la que debió haber sido nuestra gran experiencia. Y sin embargo me siento derrotado, listo para renacer en el siguiente peldaño que cruce, pues no habrá marcha atrás. Así es esta, mi vida: un pleno e incesante revoltijo de situaciones que parecen chocar unas contra otras en un remolino de desgracia y muerte, con seres queridos siempre llegando y yéndose, con amores naciendo y cerrando su ciclo.
Tarde o temprano mi mente vuelve a ti, que ha evocado la sincera raíz de mis lamentaciones y me niega una y otra vez la entrada a este, su santuario, en busca de absolución. Mi alma esta atrapada en ti, mujer santa que en el vientre puedes guardar el linaje que tanto he soñado, tus muslos  blancos me permiten soñar con mundos utópicos más no en esta noche, en que he sido reclamado por otra señora.
No me dices nada. Pero en un dejo de perfecta simetría, me acerco a ti en el instante en que tú te levantas del pequeño banco donde estabas situada y me atrapas con tus brazos, seductora, traviesa. Esbozas una ligera sonrisa y me permites, capturándome con la esencia de tu alma, olvidar un poco mi desquebrajado soliloquio mental y entrar de nuevo, rendido, a la plenitud de tus ojos, mientras en un beso me recuerdas que antes que solitario, antes de que existiera el mundo para mí, ya estabas esperándome en el quicio de una puerta, aquella en que me saludaste cuando voltee por primera vez a verte y quedé prendado de tus ojos bonitos….

jueves, 17 de noviembre de 2011

Soledad

A veces me da una especie de melancolía que se extiende por todo mi corazón y mantiene un escalofrío en todo mi cuerpo, una especie de temblor que me mantiene intranquilo. Acelera mi ritmo mental y no me permite concentrarme de manera adecuada. Y es cuando más la recuerdo. Por pocas que fueran las horas que, en suma, pudiera disfrutar en compañía de ella, riendo, peleando, jugueteando amigablemente, las he tratado de maximizar hasta que cada recuerdo ha quedado casi congelado o se repite en un interminable bucle de desesperanza. Trato a veces de recordar el timbre de su voz; en otras me la imagino de lado, sonriendo, presa de alguna pícara ocurrencia. O la escena que jamás se ha desprendido de mi memoria: el día en que me frunció su ceño, en una actitud juguetona.
A pesar de conocerla poco, logró tener gran influencia en mí, aún cuando no tuvimos mucho tiempo para platicar realmente y aún antes de saber que estaba enamorado perdidamente de ella. Solo una mujer antes que ella había logrado trastornarme de esta manera, y aún aquella no logró lo que Mariana en tan poco tiempo. Para mí ha pasado el tiempo. Pero me pregunto si estaré en lo correcto al preguntarme varias veces por qué razón no fuimos de edades parecidas... la edad, que fue lo que comenzó mi calvario, aunque a mí ni me molesta, fue el detonante de que la mayor parte de las personas que se dicen tolerantes lanzaran un feroz ataque en mi contra. Y aún cuando los años ya están comenzando a sucederse uno tras otro, no dejo de preguntarme que es de ella. No dejo de extrañar a la Mariana que conocí sabedor de que el tiempo no pasa en balde y probablemente ya no somos ni un asomo de las personas que en esa época se conocieron. Hemos cambiado mucho, creo yo. Espero que para bien, pero no dejo de asombrarme de que, en mi caso, parte de mí no desea ir, desesperadamente, aquellos recuerdos. Por que ellos me hicieron muy feliz y siempre el pasado ha estado en mí, presionándome para no olvidar.
Solo en dos ocasiones me he imaginado con una familia. Y mis hijos tienen su rostro. Su sonrisa. Sus ojos. Su mirada retadora. Y aunque siempre es una batalla en contra mía, mis propios demonios carcomiendo, invitándome a luchar, trato de vencerme y desearle una feliz vida, sin lograr resultados loables, solo pasajeros. Quiero verla, por lo menos, una vez más. Esa es la realidad. Quiero decirle todo lo que como cobarde rehuse decirle cuando tuve la oportunidad. PORQUE FUÍ UN COBARDE aunque no tuve yo la culpa de lo que se desato después. Esa es la realidad. Pero no confundan esto con un simple berrinche o un lloriqueo desvergonzado. No. Solo intento expresar de la forma más adecuada, buscando hasta que encuentre las palabras que sean adecuadas, un profundo sentimiento de amor que se desborda y busca afianzarse en el mundo, queriendo con ello crecer hasta convertirse en algo más profundo de lo que ya es y de que algún día el mundo pueda ser testigo a través de las palabras, a través de videos, a través de este blog, de algo que se desprecio en su momento pero que demostró que era lo que se decía originalmente: un amor profundo, irreconocible. Esto me ha orillado a escribir como lo hago ahora, aunque reconozco que tarde o temprano volveré a mis oscuros orígenes, y seguiré escribiendo durante bastante tiempo, evolucionando cada vez más en esta aventura que comparto contigo, querido lector...

Gamers Choice: Assassins Creed Revelations... Nada más porque salgo yo....

domingo, 13 de noviembre de 2011

Del amor y otras cosas...


Yo no sé nada del amor; lo sé porque una y otra vez cometo los mismos errores y siempre estoy metido en problemas por mi incapacidad de amar como los demás lo hacen. Y que los demás me digan una y otra vez como debo hacer las cosas me parece completamente ilógico... yo digo hasta con orgullo que NO sé nada del amor porque soy humilde y no me creo perfecto, pero ¿los demás si lo son? No entiendo.
¿Por qué me dicen que no es amor lo que siento? cuando yo digo una y otra vez lo que es el amor, me baso en explicaciones científicas, lo que está demostrado, lo que se sabe. También utilizo explicaciones ilógicas, porque me parece que el amor esta basado en cada cosa, un poco de cada una. Pero a final de cuentas, solo explico lo que el amor es, no lo que le pasa a cada uno, porque creo que en cada persona es diferente. Que las personas crean saber que sucede en mi cabeza me parece inconcebible, porque resulta ser que todos me conocen mejor que yo mismo y creen que tienen la solución para mi vida, una solución que tal vez para ellos funcione pero que en mi caso, no encuentra pies ni cabeza. No necesito pensar como los demás, que aburrido, porque yo no soy ellos. Así de fácil. Y no soy Dios para saber que piensa cada quien. A veces también hago eso, no lo niego. Soy humano y me equivoco, y yo en particular me equivoco muchas veces, pero tampoco creo que los demás de verdad sean perfectos y puedan ver más allá de lo evidente.
Amo perdidamente a una mujer de nombre Mariana. Nunca volveré a verla y nunca tuve nada que ver con ella. Ni siquiera tuve una amistad larga con ella. Ni siquiera tuve la oportunidad de intentar luchar por ella, ya que una serie de desafortunados acontecimientos -encabezados por una persona que se encargo de enlodar mi nombre y seguido de una multitud de personas que le siguieron el juego y, dejados llevar por que les caía mal emprendieron una campaña de desprestigio que solo me hizo más fuerte por que todo es completamente falso- la alejaron demasiado pronto. Y yo igual tomé decisiones que precipitaron el fin de todo, no dejo de ser también culpable. pero el amor que tengo por ella, enfermo o bello, es mío y lo adoro. Por que sigo pensando que cada dolor en mi corazón, que cada trago amargo, que cada momento que se ralentiza en mi vida, los vale ella. Y que mi lucha diaria también lo vale, porque me hice a un lado para que ella fuera completamente feliz, pero quiero estar listo por si ella no lo es y yo tuviera una oportunidad para demostrarle que conmigo podría serlo, que podría cambiar muchas cosas en mí, solo si ella me lo pidiera. Y estoy plenamente consciente de que ella no me dejará ni intentarlo. Estoy consciente de que probablemente no volveré a verla jamás. Estoy consciente de que mi promesa, la única que no he roto, es la que me permite, de entrada, ni siquiera buscarla. Y estoy seguro de que la amo con toda mi alma, de que ella es lo más importante que me ha sucedido en el aspecto amoroso, aún incluso por encima de aquella que por doce años dominó mi corazón de la misma manera. No intento polemizar esta vez. Así me siento. Solo quería apoyo, y dado que solo, hasta el momento, muy pocos se ha atrevido a decir: "te apoyo", lucharé contra todos por este sentimiento, lucha que es la única que puedo dar por que ciertamente estoy solo y no me molesta, pruebas de la vida tengo para dar y regalar y no soy más especial que nadie, solo soy yo. Mariana, este blog, por ahora, te sigue perteneciendo. Espero que seas muy feliz y que Dios te bendiga...

Grande es la muerte mexicana...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Pensamiento numero tanto...

Te amo cada día de manera más tierna y profundamente mientras vivo un infierno en la tierra por no poderte volver a ver jamás....

sábado, 22 de octubre de 2011

Pensamiento cuarto...

Comienza la arcilla de mis pensamientos a darte forma, cruel letargo que mi vida invoca, por cuanto más la lluvía fría en este negro corazón dolor provoca...

jueves, 22 de septiembre de 2011

domingo, 18 de septiembre de 2011

Letter to the air...

I begin to miss you again. They all say that it's not possible that after so much time in which I have not seen you at least, much less to know of you, it could have slightly so called love. I do not know it. Suddenly I meet wrapped in memories, the few ones that I have, of brief instants that we share. I believe that two months were alone or more of our friendship. And there are not even full the hollows of these moments, more the few ones that I have me are sufficient to be surprised so much.
It is those who say that alone it is an obsession. Obsession of what? Of looking for yourself? If I have not even taken the inconvenience to look for yourself; of having yourself? If I never had you. You were never mine in any aspect and I never occupied a space in your head, according to all, because you were never thinking about me. Though it is said that you gave me, at some time, being completely intoxicated I, a kiss. Obsession of having yourself? If I have fulfilled my promise not to look for yourself and not to be a hindrance. Obsession, certainly, is a tenacious idea of the head. So there are only you. And you are not even what I was dreaming. Only you are a series of recollections. But, why do I rack brains whenever I dream you? Whenever your voice resounds in me, whenever I imagine you to smile and to meet. Or that you wrinkle the eyebrows in a gesture of small girl? Why I wish the better thing you and prefer suffering to wishing you badly, regardless the hurt that you me caused and that I you caused?
The reality is that I think that it's love. But as the others they know more it brings over of me; since they all know me better than I, since they all BELIEVE that they are better than I, for the alone fact of which I do not have an exact control of my feelings, since they all say that it is not a love. They all can question me with questions of things neither that nor I know, but they cannot feel what I feel. Because of it some time ago I buried my heart. Because of it.
Some time ago I wanted to arrange the things. Only to know that it happened. With the time I have understood that I will never have the truth and it hurts me very much, because of all the things that I will never know, this one is the only one that matters for me indeed. When I hid my heart far from me, solve only in a temporary way the question of not knowing anything of you. But only it is it: a temporary solution. The "onirísmo" that chases me day after day, complicating my existence with situations that do not compete with the royal life does that every instant is furthermore long still. Sad. But royal, at the end of accounts.
I need you. This is the reality. With you, in our ephemeral stage of friendship, I felt plenary session, since it was doing more than one decade that he it was not feeling with any woman. And always I said it. And as unattainable object of my love, you were too much; you transfigured yourself into something that goes beyond my madder dreams. And though now this hollow where my heart must be - metaphorically - - has been very nice, already I feel that this object wants to come untied. But I am afraid of that it does and discovers that the whole feeling follows intact that, they should say what they should say, it is a love. What will I do when the moment comes? Of that you will serve me, if I will never return to see you? ….

carta al aire...

Comienzo a extrañarte de nuevo. Todos dicen que no es posible que después de tanto tiempo en que no te he visto siquiera, mucho menos saber de ti, pueda tener algo llamado amor. No lo sé. De pronto me veo envuelto en memorias, las pocas que tengo, de instantes breves que compartimos. Creo que fueron solo dos meses o más de nuestra amistad. Y ni siquiera están llenos los huecos de esos momentos, más los pocos que tengo me son suficientes para extrañarte tanto.
Hay quienes dicen que solo es una obsesión. ¡obsesión de qué? ¿de buscarte? si ni siquiera me he tomado la molestia de buscarte; ¿de tenerte? Si nunca te tuve. Nunca fuiste mía en ningún aspecto y nunca ocupe un espacio en tu cabeza, según todos, porque jamás pensabas en mí. Aunque se dice que me diste, alguna vez, estando yo completamente ebrio, un beso. ¿obsesión de tenerte? Si he cumplido mi promesa de no buscarte y de no ser un estorbo. Obsesión, ciertamente, es una idea tenaz de la cabeza. Pues allí estas solamente. Y ni siquiera eres lo que yo soñara. Solo eres una serie de recuerdos. Pero, ¿por qué me estrujo cada vez que te sueño? ¿cada vez que tu voz resuena en mí, cada vez que te imagino sonreír y verme. O que frunzas el seño en un gesto de niña pequeña? ¿Por qué te deseo lo mejor y prefiero sufrir a desearte mal, a pesar de todo el daño que me causaste y que te causé?
La realidad es que yo pienso que es amor. Pero como los demás saben más acerca de mí; como todos me conocen mejor que yo, como todos CREEN que son mejores que yo, por el solo hecho de que no tengo un control exacto de mis sentimientos, pues todos dicen que no es amor. Todos pueden cuestionarme con preguntas de cosas que ni yo sé, pero no pueden sentir lo que yo siento. Por eso hace tiempo enterré mi corazón. Por eso.
Hace tiempo quise arreglar las cosas. Solo saber que pasó. Con el tiempo he comprendido que jamás tendré la verdad y me duele mucho, porque de todas las cosas que jamás sabre, esta es la única que me importa de verdad. Cuando escondí mi corazón lejos de mí, soluciones solo de manera temporal la cuestión de no saber nada de ti. Pero solo es eso: una solución temporal. El oneirismo que me persigue día a día, complicando mi existencia con situaciones que no compiten con la vida real hace que cada instante sea aún más largo todavía. Triste. Pero real, a final de cuentas.
Me haces falta. Esa es la realidad. Contigo, en nuestra efímera etapa de amistad, me sentí pleno, como hacía más de una década que no lo sentía con mujer alguna. Y siempre lo dije. Y como objeto inalcanzable de mi amor, fuiste demasiado; te transfiguraste en algo que va más allá de mis sueños más locos. Y aunque ahora ese hueco donde debiera estar -metafóricamente- mi corazón- ha estado muy bien, ya siento que ese objeto se quiere desatar. Pero tengo miedo de que lo haga y descubra que sigue intacto todo el sentimiento que, digan lo que digan, es amor. ¿Qué haré cuando llegue el momento? ¿de que me servirás, si jamás volveré a verte?….